miércoles, 14 de mayo de 2014

TRAFALGARES Y LEPANTOS

O nosotros o el caos

Ya no se trata de salvar a España sino de perpetuar el régimen, y en realidad nunca se trató de otra cosa.
Igual que Juan y Junior -dep-, en Galicia un día yo también escuchéuna triste historia. Me contaron que el último verano que pasóRajoy en la oposición -cuando todo era prima yrescate-, el hoy presidente pasaba un día de playa con unos amigos y le sonóel teléfono. Era el Rey.
No sési existe un protocolo especial para hablar con su majestad en traje de baño, pero da igual porque al parecer la conversación no tuvo un tono muy cortés. Según esta leyenda celta la llamada se producía con el único objeto de convencer a don Mariano para que tendiese la mano a la calamidad de Zapatero y aceptase un gobierno de unidad nacional. Más o menos lo mismo que ha dicho Felipe ahora, por cierto justo después de hacer una visita a la Zarzuela. La charla no fue muy amigable porque a Rajoy la sugerencia regia le sentócomo una resaca de albariño, y contestó, más o menos, que tururú. La anécdota acabócon una improvisadadeclaración institucional en los salones del náutico de Sangenjo, ofreciendo el líder del PP apoyos puntuales al gobierno para solventar la gravedad del momento, pero de pactos globales ni hablar. El gallego impasible veía que por segunda vez le iban a hurtar su hueco en La Moncloa, y en esta ocasión no se resignóa dejar que ese problema se resolviese solo, sino que trabajóduro para que el único gobierno de salvación nacional fuese suyo y de SorayaSe non èvero èben trovato. Aquellos días mirábamos sólo a Grecia, que era el corazón de Europa al que nos había devuelto Zapatero y sus demencias.
Lo extraño es que ahora regrese la milonga sentimental del pacto PP-PSOE. El miedo a los señores de negro y al rescate parece disipado -en realidad ese es el único triunfo que exhibe el Ejecutivo-, y sus defensores hablan más del problema catalán o de la pérdida de confianza en los grandes partidos. O sea que ya no se trata de salvar a España sino de perpetuar el régimen, y en realidad nunca se tratóde otra cosa. El miedo del establishment a que fuerzas políticas renovadoras como Ciudadanos y Voxacaben consolidando un espacio electoral, y que desde allícuestionen las viejas estructuras y las nuevas fortunas, es más acentuado al temor a que venga la troika y nos colonice.
Cambio, renovación, reforma, alternativa, se han convertido desde hace poco en conceptos políticos casi subversivos, porque desde el búnker del régimen se aprieta cada vez más la rienda de los medios de comunicación, y las voces gubernamentales -que son las que más presumen de libertad y equidistancia-, se han cuadrado con una disciplina similar a la de los guardianes de la revolución iraní.
¿Habrápacto PP-PSOE? Probablemente, tácito, ya lo hay. Ambos han gobernado en contra de sus programas electorales, y ninguno de los dos ha dudado en alianzas contra natura: los sociatas con derechas nacionalistas y caciquiles, los peperos con el partido comunista en Extremadura.
El debate, en fin, sobre un gobierno de concentración se parece mucho a aquella portada de Hermano Lobo en la que un oligarca -de frac institucional- anunciaba al pueblo desde el atril: “O nosotros o el caos”. Y la gente, hasta el gorro, clamaba sin dudar, “¡el caos, el caos!”. “Es igual -respondía el cacique- también somos nosotros”.

En eso estamos.
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